¿Posts cortos o posts largos en LinkedIn?
La respuesta con ejemplos
Bienvenido a la newsletter donde el humo solo lo usamos para hacer barbacoas.
Seguro que alguna vez te has preguntado:
“¿Qué es mejor posts largos o cortos?”
Y oye, es normal que te lo preguntes.
Abres LinkedIn un martes por la mañana y el feed es un circo.
Ves un post de dos líneas que lo está petando con miles de interacciones.
Luego ves otro igual de corto que no lo ha leído ni la madre del que lo escribe.
Sigues bajando y te cruzas con una biblia de mil palabras llena de comentarios de altísimo valor, seguida de otra parrafada infumable que ha pasado más desapercibida que un ninja en una biblioteca.
Y claro, tu cerebro, que busca patrones donde no los hay, piensa: “Tiene que haber una fórmula matemática. Un número mágico de palabras que vuelva loco al algoritmo”.
Pues siéntate, ponte cómodo y prepárate, porque te vamos a fastidiar la teoría.
La longitud no es el problema (ni la solución)
Después de varios años dándole a la tecla, de publicar miles de posts, de analizar métricas hasta que nos sangran los ojos y de acumular millones de impresiones, la conclusión está clarísima:
Da igual que el texto sea corto o largo. Lo importante es la idea.
Chimpún. No hay más.
La gente no se para a interactuar con tu contenido porque hayas clavado un contador de 150 palabras exactas. La gente se detiene, lee y comenta porque lo que estás contando les parece útil, les divierte, les sorprende o, simplemente, sienten que les estás leyendo la mente.
Si la idea es buena, va a funcionar en dos líneas y va a funcionar en cuatro párrafos.
Si la idea no le interesa a nadie... amigo mío, no la salvas ni estirándola con la mejor retórica del mundo, ni recortándola para que se lea rápido.
Puedes envolver una castaña asada en el papel de regalo más caro de la tienda y ponerle un lazo precioso. Cuando la abran, seguirá siendo una castaña.
Dicho esto, no nos vamos a poner de perfil. Cada formato tiene cosas buenas y malas, y si quieres hacerlo bien, tienes que conocerlas. Vamos a destriparlos.
LOS POSTS CORTOS
Lo bueno:
Al tener menos palabras y requerir menos desarrollo, puedes producirlos como churros.
En tres o cuatro líneas le entregas la idea masticada. Se leen en un semáforo en rojo.
Sirven para soltar una opinión contundente, un consejo rápido, una pequeña lista o un chiste. El lector aprende algo o se ríe en diez segundos. Es un chute de dopamina exprés.
Como terminan de leer antes, reaccionan antes. Lo leen, les gusta la frase lapidaria y le dan al botón sin pensar.
Lo malo:
El lector te lee, se ríe, reacciona, sigue haciendo scroll... y a los tres segundos ya se ha olvidado de tu cara y de tu nombre. Ha pasado demasiado poco tiempo contigo.
Enseñas la conclusión final, pero no el camino. No enseñas tus matices, ni tu razonamiento, ni na’ de na’.
Si no es una idea buena, como ya hemos comentado, no funcionará. Pero como sí sea una idea buena y no la resumas a la perfección, pierdes una oportunidad de oro.
Ejemplo:
En este post de nuestro compi Juandi, se resume a la perfección lo que explicamos.
Idea buena. Idea simple. Entregada en 3 líneas.
Si hubiera hecho un post largo sobre esta idea, a lo mejor hubiera perdido fuerza por el camino.
Al hacerlo corto, ha hecho lo necesario como para que se entienda la idea y la gente se sienta identificada con ella.
LOS POSTS LARGOS
Vamos primero con lo malo, para que no te vengas arriba antes de tiempo.
Lo malo:
Escribir 500 palabras con sentido exige muchísimo más que escribir 50. Necesitas estructura, argumentos que se sostengan, buenos ejemplos y un ritmo que no aburra a las ovejas.
Le estás pidiendo a la gente lo más valioso que tiene: su tiempo. No hay recompensa a los cinco segundos, es una experiencia de cocción lenta.
Cuanto más largo es el texto, más oportunidades le das al lector para aburrirse y marcharse. Y no, no es que la gente no tenga capacidad de atención (se tragan documentales de dos horas si les gustan). Es que si no les das motivos para quedarse palabra a palabra, te abandonan.
Asúmelo. Mucha gente va a escanear tu texto buscando la chicha. Si no engancha o tienes una buena estructura, los pierdes.
Lo bueno:
Esta es la regla de oro de los negocios en internet: cuanto más tiempo pasa alguien consumiendo tus ideas, más confianza desarrolla hacia ti. Un post en el que invierten 3 minutos vale por veinte posts de lectura rápida.
Aquí es donde de verdad puedes desarrollar tu razonamiento, tus contradicciones y tus experiencias. El lector entiende cómo funciona tu cabeza.
Cuando alguien invierte su tiempo en leerte de principio a fin y saca una reflexión de verdad, se acuerda de ti al día siguiente. Dejas de ser un snack de máquina expendedora y te conviertes en una buena cena. Un buen filete con patatas y huevo.
Los posts largos suelen generan conversaciones más extensas en comentarios. Le estás dando a la gente argumentos suficientes para opinar, preguntar o compartir su propia experiencia.
Ejemplo de posts largo:
Un post largo de storytelling de manual de Luiza Velizarova. Acudió a una formación nuestra junto con Luis Garau, donde dábamos las claves para hacer posts virales, y Luiza hizo esta maravilla.
Es un posts largo. Muy largo. Pero da igual. Te mantiene enganchado desde la primera palabra hasta la última.
El verdadero dilema que tienes que resolver
Si te fijas, todo se reduce a una tensión constante que no puedes ignorar:
Cuanto más tiempo pasa alguien contigo, más confía en ti y más fácil es que te acabe comprando. Pero cuanto más largo es tu texto, más fácil es que te abandone a la mitad.
Ahí, justo en medio de esa tensión, está el equilibrio que hace crecer los negocios. No hay que ser un plasta que siempre publica biblias interminables, ni de ser una cuenta de frases motivacionales de dos líneas.
Se trata de captar la atención, mantener el interés y profundizar solo lo necesario, adaptándote siempre a cómo lee tu audiencia.
Las únicas dos preguntas que importan de verdad
La próxima vez que vayas a publicar, olvídate de contar los caracteres. Borra la pregunta de “¿será muy largo?” de tu cabeza y hazte estas dos:
1. ¿Cómo preferirá leer mi audiencia esta idea? Escribe el formato largo y luego mira a ver si te sale el formato corto. ¿Cuál es mejor?
2. ¿Esta idea MERECE ser leída? Esta es la madre del cordero. Una idea brutal y bien escrita sostiene un post largo sin pestañear. Una idea mediocre no la salva ni la brevedad.
En conclusión
No existe la longitud perfecta para LinkedIn. Deja de buscarla.
Prueba con posts cortos. Prueba con medianos. Haz la prueba de subir uno largo de vez en cuando. Y observa atentamente qué encaja mejor con tus ideas, con tu estilo y, sobre todo, con el tipo de relación de confianza que necesitas construir para vender lo que vendes.
Porque no hay que fijarse tanto en la longitud.
Mejor, pregúntate: “¿A mi gente le importa esta idea? Y si es así, ¿cuál es el mejor envase para entregársela?”
Resuelve eso, y los likes, los comentarios y la longitud se arreglan solos.
PD: Si te has dado cuenta, este post que acabas de leer es tirando a largo. Si has llegado hasta esta última línea, significa que la idea te interesaba lo suficiente. Y ahí tienes, en primera persona, la prueba empírica de todo lo que te acabamos de contar.
Hablando de storytelling, no os podéis perder este podcast de Fer Miralles.
Valor a raudales donde se sacan cositas muuuuuy interesantes para tu escritura.
Os lo dejamos por aquí:
Y hasta aquí la edición de hoy. Esperamos que te haya gustado.
Nos vemos el sábado que viene.
🚀 ¿Quieres que te ayudemos?
→ → → Si llevas tiempo peleándote con LinkedIn y no consigues resultados… Hazte con El Manual de LinkedIn
→→ → O si eres CEO o emprendedor y quieres trabajar tu marca personal… Rellena este formulario









Qué honor aparecer en esta newsletter. 🥹